anime

Crudeza azul.

La humanidad ha ido a la guerra por muchas razones, todas egoístas. Entre esas razones se incluye la posesión de recursos, normalmente es el petróleo “la musa”, que ha llevado a una cantidad gigantesca de personas a la muerte. Realicemos un ejercicio mental e imaginemos una guerra originada por un capricho. ¿Lo encuentran factible? Suena extraño, pero de eso se trata la serie que quiero tocar hoy, Ima, Soko ni Iru Boku.

La serie comienza mostrándonos un día especial para Shuzo “Shu” Matsutani, un joven demasiado enérgico, que al atardecer observa a una joven de su edad aparentemente, llamada Lala-Ru, y en su intento por interactuar con ella termina viajando a otro mundo, e imponiéndose la terrible empresa de salvarla de sus captores.

Un encuentro, que iniciara esta historia

El escenario mostrado es un futuro post-apocalíptico y desolador, donde la falta de recursos ha hecho mella en el.

Una sinopsis nada fuera de lo común en estos días, pero debo recalcar dos puntos que la diferencian de la mayoría. La primera, esta serie fue estrenada en el año 1999, y la segunda esta no busca ser épica ni mostrarnos batallas llenas de acción; como menciones antes vemos el lado más terrible y crudo de una historia bélica, acentuándose con el hecho de que la mayoría de personajes regulares de la serie son adolescentes, que posiblemente ni siquiera lleguen a los dieciséis años.

Un villano peculiar

Anteriormente mencione el ir a la guerra por un capricho, pero a quien se le podría ocurrir semejante tontería, pues aquí realiza su aparición el rey Hamdo. Un niño en el cuerpo de un adulto es la mejor manera de describirlo. Altamente  impulsivo, y con un espectacular trabajo de su seiyu, cuyos cambios de tonalidad son perfectos, nos muestran a este detestable personaje, cuyas obsesiones con Lala-Ru y de ser el rey de todo su mundo, es el origen de las desgracias de esta serie.

Belicosidad sin edulcorantes

Metal Gear: Phantom Pain, muestra durante su historia niños guerrilleros, pero a estos no se les puede realizar ningún comando ofensivo como al resto de enemigos. En esta serie, no tenemos esa contemplación. Ima, Soko ni Iru Boku, no se regodea mostrándonos escenas altamente explicitas, pero tampoco tiene miedo de mostrar sangre, ni de matar a sus personajes que como mencione anteriormente en su mayoría no alcanzan los dieciséis. El horror vivido en estas situaciones también hace acto de presencia involucrándolos a todos en el.

Un final como la vida misma

Durante los trece episodios en los que la tragedia y desolación se han hecho presentes, esperaríamos un final feliz y dulce, pero aquí no lo obtenemos; no quiero decir que su final sea amargo ni marcadamente cruel, podríamos definirlo como término medio. Es inesperado y realista, después de todo hemos atestiguado tantos horrores, que un final feliz no sería el indicado para cerrar la serie, por lo tanto es de aplaudir la decisión de los creadores de darnos este final.

No de manera convencional

Después de todo atravesamos malas temporadas, y aun así nos levantamos día tras día, y cuando finalmente terminan y soplan nuevos vientos en nuestras vidas, igualmente seguimos levantándonos día tras día.

Después de todo mientras sigamos vivos, cosas buenas pasaran.

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