anime, spoilers

Simbiosis evolutiva

Recién terminaba de ver Guilty Crown, cuando comencé a ver Parasyte, quisiera evitar la comparativa pero el hecho de recién acabar el último episodio y empezar el primero en el orden en que nombre las series, me deja imposibilitado. En los videojuegos existe el “los gráficos no lo son todo”, debido principalmente a la inmensa atención que se le presta a este aspecto en los títulos recientes, en el mundo del anime ha ocurrido algo similar los últimos años con el tema de la animación e ilustración.

Tiene sentido que esto ocurra debido al paso del tiempo y a las últimas tecnologías desarrolladas, que permiten resultados espectaculares como podemos ver en las temporadas de Shingeki no Kyojin; después de todo el anime es un medio de entretenimiento audiovisual, por lo tanto al igual que suele ocurrir con los videojuegos podemos encontrar obras donde predomina el “estilo sobre sustancia”, siendo perfectamente válido siempre y cuando cumpla su objetivo de entretener. Existen una gran cantidad de estas series, así como también existen series que resultan ser todo lo contrario ¿Es Parasyte una de estas series? Personalmente diré que sí y no.

Una animación a cargo de MADHOUSE, siempre tendrá una garantía de calidad, y esta no es la excepción contando con escenas de acción excepcionalmente realizadas, sin embargo es su ilustración o mejor dicho el modo de presentarla, lo que se me hace cliché. Para mí fue un contraste increíble después de ver Guilty Crown, por eso recalco tanto esto. Ahora dejemos de hablar de estilo y hablemos sobre sustancia.

Del espacio comienzan a llegar una serie de “larva” alienígenas, las cuales infectan a todo ser vivo que tengan cerca sea humano o animal, posteriormente asumiendo el control de este y alimentarse de otros seres vivos; a Izumi Shinichi dicha larva lo infecta a través de su brazo derecho y no consigue tomar el control de su cuerpo. Este hecho consigue que ambos conserven su personalidad y de esta curiosa manera se le da inicio a una relación simbiótica, en la cual Migi (nombre que se le da al alíen), y Shinichi comienzan a crecer y desarrollarse; este último es el típico joven de instituto retraído socialmente; mientras Migi no es humano, que lo hace carente de emociones y de la ética propia de nuestra especie, además de poseer una enorme curiosidad (la escena del baño un perfecto ejemplo).

Esta particular simbiosis con el paso de los episodios comienza a desarrollarse, a medida que ciertos eventos, donde se ven involucrados otros “parásitos”. Muchos de estos últimos también cambian a lo largo de la obra, siendo su ejemplo más representativo Reiko Tamura, quien se nos presenta como el resto, es decir fría y carente de emociones, pero vemos como incluso desarrolla un instinto maternal hacia su hijo a quien ella en un principio básicamente trata como a un animal, e incluso lo “domestica”, para finalmente regalarnos la escena más conmovedora de este anime.

La experiencia nos hace crecer, tal y como nos lo hace ver esta serie; algo que  muy pocas veces lo he visto en este medio así que échenle un vistazo a esta particular relación simbiótica.

Nos vemos en una próxima entrada.

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